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Creando dramaturgos...

22.12.09

Muestra de Dramaturgia 2009

Publicado por * * * en 17:24 No hay comentarios:
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Muestra 2009

Sábado 12 de Diciembre
21:30 hs
UPB
Campos Salles 2145

Fuera de Borda
de Manuel Lamas

Como buenas piratas
de Adriana Ferrari

Final de Juego
de Luz Rodríguez Urquiza
Adaptación del cuento homónimo de Julio Cortázar

Entre el Cielo y la Tierra
de Mercedes Córdoba

Barbie Adolescente
de Evelyn Goldfinger

Amores imposibles
de Silvia Labrador

Empacho de amor
de Ester Catzman

El Juego de la Vida
de Mariela Sztejnberg

Taller de Dramaturgia - UPB

Universidad Popular de Belgrano
Campos Salles 2145
4701-3101

informes@upebe.com.ar

Profesora: María Inés Falconi

Integrantes 2009
Ester Catzman
Mercedes Cordoba
Adriana Ferrari
Evelyn Goldfinger
Silvia Labrador
Manuel Lamas
Luz Rodriguez Urquiza
Mariela Sztejnberg

Integrantes 2008

Adriana Ferrari
Silvia Labrador
Manuel Lamas
Sofía Paz
Luz Rodríguez Urquiza


Integrantes 2007
Hernán Braver
Adriana Ferrari
Luz Rodríguez Urquiza

Amigos

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El Doctor Sabelotodo

“El Doctor Sabelotodo” - Obra para niños - Adaptación del cuento homónimo de los Hermanos Grimm - Autora: Adriana Ferrari

Personajes:
Conejo: Campesino, con camisa escocesa, tiradores y pantalones dentro de las botas.
Azucena: Esposa de conejo. Campesina humilde.
Sr Ricotti: un señor mayor millonario, vestido con ropa de telas finas, algunas brillantes, como la ropa de un rey del 1500. Parece ser un buen hombre, si bien es dueño de una fortuna incalculable.
BERTA: Ama de llave.
Canuto: Paje

ESCENA UNO
Interior de la casa de Conejo y Azucena, una casa de montaña muy pobre. La escena está vacía.
Entra Azucena, con ropa agujereada y retazos de tela para remendarla. Observa con detenimiento cada prenda, elige una y se predispone a coserla. Se escucha un sonido característico que la hace dar cuenta de la hora que es, se sorprende, deja la ropa sobre la mesa, va hacia la ventana.

AZUCENA: ¡Uh! ¡Ya deben ser como las siete…!


Mira hacia fuera comprueba que es tarde y corre hacia la mesa. Agarra la ropa, la lleva hacia el cuarto, la escena queda vacía unos segundos, vuelve con una ensaladera y tres frascos de lata, un cuchillo y una tablita de madera para cortar. Se sienta y se predispone a preparar algo. Abre la primer lata, cae un solo fideo, mira el fondo decepcionada, abre la segunda lata y está vacía, se entristece, agarra la tercer lata, la mueve para saber si hay sonido y se escucha algo en su interior, se alegra. La abre y caen dos panes duros. Entra Conejo.

AZUCENA: ¡Conejo!

CONEJO: ¡Azucena!

AZUCENA: Conejo…

CONEJO: ¿Azucena…?

AZUCENA: ¡Conejito! (Quiere decirle algo pero no se anima. Respira profundo)

CONEJO: (Sin entender) ¿A-zu… ce-nita?

AZUCENA: Conejo, (mira los panes duros) tengo que decirte algo.

CONEJO: (Entusiasmado) Yo también Azucenita, yo también…

AZUCENA: Pero mirá que lo mío no es una buena noticia.

CONEJO: ¡Entonces, dígala pronto porque la mía es buenísima!

Azucena lo mira desconcertada.

AZUCENA: Se trata de la cena de hoy…

CONEJO: ¿Se olvidó y se le quemó? No se haga problema porque lo que tengo para contarle…

AZUCENA: No, Conejo, no es eso… Es… un pasito antes que eso…

CONEJO: ¿Se apuró y le quedó cruda? Pero no se angustie por eso, la ponemos un ratito más…

AZUCENA: No, no… Antes que eso, antes, antes…

CONEJO: ¿No le quedan más troncos para el fuego? Pero Azucena, en la carreta tengo un montón…

AZUCENA: Eh… eh… (Trata de explicarlo con las manos) Digamos que por ahí, (Deja las manos en un mismo nivel) pero un poquititito antes (Lo marca con una de las manos, la otra queda en el lugar inicial) y…y…. más bien referido al alimento….(Cruza la mano que movió, a través de la otra y queda como enroscada, se mira, asiente y lo mira a Conejo)

CONEJO: (Perdido, haciendo esfuerzo para descifrar) Usted dice que por ahí… pero un poquitito antes, (El copia sus movimientos, ella asiente) y… y…. y más bien referido al alimento… (En el último movimiento le quedan las manos enroscadas, Azucena asiente, Conejo la mira desorientado)

AZUCENA: ¡Nos quedamos sin comida, Conejo!

CONEJO: ¿Sin comida?

AZUCENA: Quedan dos pancitos duros y…¡un solo fideo!

CONEJO: ¿¿Un solo fideo??

AZUCENA: Un solo fideo…

CONEJO: ¿Un fideo moñito?

AZUCENA: (Dubitativa) No, creo que era tirabuzón…

CONEJO: ¿¿Un fideo tirabuzón??

AZUCENA: Sí, era tirabuz… (Estalla) Pero, ¿qué importa eso Conejo?

CONEJO: ¡Es cierto, Azucena! Eso ya no importa.

AZUCENA: Claro, no importa…

CONEJO: No, Azucena. (Azucena lo mira extrañada) Porque lo que importa ahora es lo que tengo para contarle.

AZUCENA: (Desesperada) ¡Bueno, entonces, contamelo, Conejo! ¡Dale, contamelo cuánto antes!

CONEJO: Azucena, Azucenita, tengo el olfato…

AZUCENA: ¿Qué? ¿Qué olfato? Si todavía no empecé a cocinar…

CONEJO: No, no, no, no…. Me refiero a que llegó el momento, Azucena. El gran momento ha llegado.

AZUCENA: Me… Me estás mareando, Conejo… ¿De qué momento estás hablando?

CONEJO: (Con actitud triunfal) El momento de salir de la pobreza, Azucena, de comer una buena milanesa.

AZUCENA: (Señalando el pan y el fideo) Y… Pero… No te entiendo…

CONEJO: ¿No es que siempre quise yo modificar nuestra forma de vida?

AZUCENA: Sí. (Conejo la mira expectante)

CONEJO: (La alienta para que lo diga ella) Salir…

AZUCENA: (Desganada) … de la pobreza, comer una buena milanesa…

CONEJO: Bien Azucena, hoy encontré la manera.

AZUCENA: ¿La manera de qué, Conejo?

CONEJO: ¡De salir de la pobreza! ¡De comer una buena milanesa… (lo interrumpe)

AZUCENA: Ya, ya, ya, eso lo escuché. Pero cómo, qué… ¿Qué me querés decir con eso?

CONEJO: Espere que le cuente, Azucena, espere que le cuente. ¿Vio que siempre yo le pregunto a la gente cómo fue que se hicieron ricos?

AZUCENA: Sí…

CONEJO: ¿Y las respuestas cuáles son?

AZUCENA: Bueno, las respuestas son… Son siempre las mismas. “Todos los ricos son hijos de padres ricos y nietos de abuelos ricos”

CONEJO: Y todos los pobres son hijos de padres pobres y nietos de abuelos pobres…

AZUCENA: ¿Ajá…?

CONEJO: Bueno, Azucena, hoy encontré a una persona.

AZUCENA: ¿A una persona?

CONEJO: Una persona que me dijo cómo hacerlo. (Se entusiasma) ¡Me dijo cómo salir de la pobreza, Azucena!

AZUCENA: (Desconfiada) ¿Ah, sí?

CONEJO: Sí Azucena, me lo dijo.

AZUCENA: Y digo, ¿cómo fue que te…? ¿Quién…? ¿Qué…?

CONEJO: Pero espere que le cuente, Azucena, espere que le cuente. Resulta que hoy cuando estaba en el trabajo, levantando esos troncos enormes, vio, pesados, me volví a quedar doblado. ¿Puede creer Azucena, otra vez lo mismo? ¡Otra vez doblado al medio! Entonces fui a ver al patrón y él volvió a mandarme con el Doctor. ¿Se acuerda el Doctor que…?

AZUCENA: (Lo interrumpe) Sí, el doctor, me acuerdo, me acuerdo…

CONEJO: Bueno resulta que cuando llegué, el Doctor estaba comiendo. El me vio entrar pero ni se mosqueó. Siguió comiendo y comiendo y comiendo y bebiendo y bebiendo y bebiendo... ¡Una comida, Azucena! ¡No se imagina!

AZUCENA: ¿Y entonces, Conejo?

CONEJO: Sí, sí, a eso voy, a eso voy. Ya iba quedando como atontado, el hombre, claro, de toda la comida que se había comido y todo el vino que se había tomado, cuando por fin levantó su mirada y con voz ronca, preguntó: (Imita la voz ronca) ¿Qué hace usted acá? Entonces le dije de mi espalda. El fue y se sentó en la silla, yo me senté en la camilla, me empujó fuerte hacia atrás y yo le pedí una más. Después tiró hacia el costado y volví a quedar doblado…(Lo interrumpe)

AZUCENA: ¿¿Entonces, Conejo??

CONEJO: Claro, bueno, la cuestión es que se apiadó de mí y me dio tres días de reposo…

AZUCENA: ¿Tres días? ¡Bien! ...Pero esperá, ¿eso qué tiene que ver con…?

CONEJO: Sí, sí, a eso voy, a eso voy… Estaba yo, por salir de la casa del doctor, cuando tomé coraje, Azucena y se lo dije. ¡Me animé, Azucena, me animé!

AZUCENA: ¿Te animaste… a…qué?

CONEJO: Me animé, me animé y le pregunté. Le pregunté: Doctor, ¿sus padres eran ricos? Y Azucena, ¿sabe lo que me contestó?

AZUCENA: (Como una obviedad) Que sí…

CONEJO: (Negando también con el dedo) Que no.

AZUCENA: ¿Qué no?

CONEJO: ¡Que no, Azucena, que no! Entonces le pregunté: Doctor, ¿usted fue pobre? Y Azucena, ¿sabe lo que me contestó?

AZUCENA: ¿¿Qué sí??

CONEJO: Que sí, Azucena, que sí. Y entonces le pregunté: Doctor, ¿sabe usted cómo puedo yo salir de la pobreza? Ya para esa altura, imagínese, el hombre no podía ni con su alma de lo todo lo que había comido y todo lo que había tomado, pero fue cuestión que yo pronunciara las palabras “salir de la pobreza” que el hombre se puso de pie –como pudo- apoyó sus manos sobre mis hombros, (apoya las de él sobre Azucena) me miró fijo (la mira fijo a Azucena) y con un aliento más fuerte que hipopótamo con anginas, exclamó: (Imitando la voz del doctor) “Tenés que comprarte un traje, un diccionario y poner un cartel grande, grande en la puerta de tu casa que diga Doctor”.

Conejo sonríe. Azucena lo mira. Todavía la tiene a Azucena tomada de los hombros.

AZUCENA: ¿Y?

CONEJO: Ya está.

AZUCENA: (le saca las manos de sus hombros) ¿Ya está qué?

CONEJO: ¡Con eso!

AZUCENA: ¿Con eso qué, Conejo?

CONEJO: ¡Con eso salís de la pobreza!

AZUCENA: ¿Con un diccionario, un traje y un cartel?

CONEJO: ¡Exacto! Mirá que era fácil, eh. Haberlo sabido antes…

AZUCENA: (Lo mira extrañada) Pero Conejo, pará, pará, pará, no es muy lógico lo que me estás diciendo…

CONEJO: ¿Por?

AZUCENA: ¿Vas a poner un cartel que diga “Doctor”?

CONEJO: Sí.

AZUCENA: ¿Vos, Conejo, con un cartel que diga Doctor? ¿Pensaste lo que estás diciendo? (Conejo asiente contento) ¿Doctor en qué vas a ser? ¿A ver?

CONEJO: (Intimidado, a la defensiva) Eh… Bueno, eh… Puedo ser… doctor en… ¡Medicina!

AZUCENA: ¡Pero si ni siquiera sabes dónde está el hígado!

CONEJO: …¿No es en la cabeza…?

AZUCENA: ¡Ay, Dios!

CONEJO: mmm se ve que no. (A la defensiva) Bueno, eh… Puedo ser Doctor en… Leyes…

AZUCENA: ¿Y sabes lo qué es una ley?

CONEJO: Claro, una ley es… una ley es… (Se ilumina) ¡Una ley es una norma!

AZUCENA: ¿Y qué es una norma?

CONEJO: Una Norma es… (Convencido) nuestra vecina, la del campo de la izquierda.

AZUCENA: ¡Mi Dios…!

CONEJO: (Resuelto) Bueno entonces voy a ser Doctor en Física. Como nuestro vecino, el de la derecha.

AZUCENA: Pero, Conejo, ese es un profesor.

CONEJO: Bueno, profesor en física, ¿qué problema hay?

AZUCENA: No, Conejo, ese es un profesor “de” educación física.

CONEJO: ¿Y no es lo mismo?

AZUCENA: No, Conejo, no.

Silencio. Al tiempo.

CONEJO: (Desanimándose) Ay, sí que está difícil… ¿Qué podré poner en el cartel…? Parece que no sé de nada…

AZUCENA: Y sí, Conejo, no es tan fácil, para ser doctor hay que saber mucho, hay que estudiar mucho…

CONEJO: (Decepcionándose cada vez más) Y yo no se nada de nada.

Silencio. Al tiempo.

AZUCENA: No, bueno, tampoco digas eso, Conejo. Yo creo que vos sabes de muchas cosas. Sabes de árboles, de carpintería, de cultivos… (Piensa)¡Sabes cuentos, juegos! Sabes de animales, de personas…

CONEJO: ¡Es cierto! Se bastante de mucho.

AZUCENA: Claro, sabes un poco de todo.

CONEJO: ¡Ah! Entonces Azucena, mi cartel tiene que decir…Tiene que decir… ¡“Doctor Sabelounopocodetodo”! ¿Te parece bien?

AZUCENA: Un poco largo me parece, ¿no?

CONEJO: ¿Y… Doctor Sabelotodo?

AZUCENA: Y más o menos, medio… Medio… pero… qué se yo. ¿Puedo convencerte de que no lo hagas?

CONEJO: Usted sabe que no, Azucena. ¡Ya le dije! ¡Tengo “el olfato” y nada puede desanimarme cuando tengo el olfato.¡Voy a seguir con mi idea hasta el final!

AZUCENA: Entonces, espero que tu olfato sea bueno porque ya no nos queda nada para cenar.

CONEJO: (Se pone de pie) Azucena, escuche lo que le digo, escuche: ¡A partir de hoy “todo”, bueno no se si todo, pero “algo” va a cambiar!

Apagón.


Si desean el texto completo, enviar mail a: itaferrari@hotmail.com

Bajo Tierra

Bajo tierra - Obra para adultos - Autor: Hernán Braver - 2007

Espacio escénico

Oscuridad. El espacio alrededor de los 4 personajes debe estar compuesto por telas negras y desniveles a modo de rocas, estalagmitas y estalactitas.
Todo ocurre dentro de la caverna, con luz tenue, dada en escena por algún tipo de iluminación como “sol de noche” o “linterna”.
Lo fundamental del espacio es que se note que es una caverna, que aparente ser un lugar fresco, y sin nada que no sea lo que llevaron los exploradores.


Personajes

Marcos: Empresario millonario de aproximadamente 40 años que pagó la expedición.
Andrés: Antropólogo de 45 años. Marcos le pidió que lo acompañe. No son amigos pero se conocen.
Pedro: Lugareño de 40 años contratado por Marcos como guía en la caverna.
Hernán: Periodista de 35 años que fue convocado para documentar la expedición.


Escena 1

El periodista (Hernán) esta destrabándose una herramienta de la campera que se le quedo trabada. El millonario (Marcos) esta buscando señal con su celular, su postura física y su cara denotan agotamiento y malestar. El antropólogo (Andrés) está preocupado leyendo un mapa iluminado por su linterna en el casco o por una linterna de mano. Aparentemente está intentando entender algo. El lugareño (Pedro) se encuentra en el centro del escenario encendiendo el sol de noche, muy tranquilo, haciendo todo pausadamente. Un reciente derrumbe los dejó atrapados y están a la espera de comunicarse con los rescatistas.

Marcos
Este teléfono de mierda no tiene señal y la reputa madre. Pagué una fortuna por este aparato, y todo porque en teoría era el teléfono con mejor señal del mercado. ¡La PUTA madre!…estoy en Mendoza, adentro de una montaña, y ya no me puedo comunicar. ¡Qué hijos de puta! (A Hernán) ¿Podes preguntar que pasa por allá?

Hernán
(Con el handy en la mano)
¿Para qué vamos a usar el Handy cada 10 minutos, Marcos? Esperemos un poco… no sabemos cuanto tiempo vamos a tener que quedarnos hasta que despejen el camino… No quiero que se acaben las baterías.

Marcos
¿Cómo? Pero pará, ¿cuánto pueden tardar en sacarnos de acá adentro? ¿Che, paisano, cuánto pueden tardar en sacarnos?

Pedro
No sabría decirle señor, hay que ver qué tan grande es el deyumbe, pero se escuchó fuerte.

Hernán
(Se guarda el handy en la cintura)
Para mí tendríamos que esperar a ver qué dicen. No ganamos nada con preocuparnos. (Mirando a Andrés) ¿Hay algo que podamos hacer?

Andrés
Pienso que no. No todavía. Cuando tengamos una mayor aproximación de la escala del derrumbe podremos plantear alternativas para encontrar una salida, pero por el momento creo que lo mejor es esperar sin movernos. Tengamos en cuenta que pueden continuar los movimientos de rocas. (Mirando el mapa) Ahora, lo que me gustaría es saber bien donde estamos ubicados nosotros, como para poder orientar a los rescatistas.

Pedro
(Acercándose a Andrés, marcando el mapa)
Io creo que debemo´ estar por aquí, pero me es difícil saber justo justo dónde es.

Marcos
(Mirando a Pedro)
¿Vos no conocías de memoria esta caverna? ¿No era que la explorabas de chiquito y no sé que otras cosas?

Pedro
Si señor, pero el deyumbe tapó el camino que hemo´ usado para iegar hasta acá, y no sé si fue el eco o qué, pero me parece que se desprendieron piedras de otros sectores.

Hernán
(Preocupado, pero no alterado)
¿Qué podemos hacer? (Mirando a todos) ¿Qué se hace en estos casos? (A Andrés) Vos, que en teoría sabés de piedras y estas cosas ¿No se te ocurre qué nos conviene hacer en una situación como esta?

Andrés
¡Antropólogo!, Antropólogo soy. No soy uno que (burlándose) “sabe algo de piedras y esas cosas”… ¡Antropólogo!

Hernán
(Irónico)
Ok, discúlpeme señor antropólogo, no quise herir sus sentimientos.

Andrés
Aclarado... y no, no sé. Todavía no pude decidir cuál es el mejor camino a seguir. ¿Qué opina usted, Pedro? ¿Cuál cree que puede ser la mejor opción?

Pedro
(Negando con la cabeza)
No sé señor. Nunca me pasó de estar dentro de la caverna con un deyumbe así. Se me ocuye que podríamos ir a explorar un poco los alyededores a ver si encontramos alguna abertura o algún camino alternativo.

Marcos
Pará, pará, pará. De acá no se mueve nadie. No podemos mandarnos para cualquier lado como si nada. Ya saben los rescatistas que nos quedamos trabados y que yo estoy acá, así que ya deben estar por llegar. No nos movamos demasiado y no nos mandemos cagadas, al menos hasta tener noticias. Por lo que veo me está quedando claro que ninguno de ustedes sabe nada de cavernas, así que mejor nos quedamos donde estamos y listo.

Pedro
Disculpe, pero no es que no sepa nada. La caverna la conozco muy bien, pero con el deyumbe cambiaron muchas cosas. Igual io creo que sería bueno ir a ver…

Andrés
No Pedro, estoy de acuerdo con Marcos. Por el momento pienso que es mejor esperar el llamado de los rescatistas para entender la situación, y basarnos en eso para decidir.

Hernán
Me parece bien, tal vez no sea tan grave después de todo. No sabemos qué pasó exactamente. Puede haberse escuchado como si se cayeran muchas piedras, pero que el camino principal esté lo suficientemente despejado como para que nos encuentren rápido.

Pedro
Fue un deyumbe fuerte, de eso estoy seguro.

Marcos
(A Pedro)
¿Podes dejar de ser pesimista? Ya tienen que estar cerca de donde estamos. ¿Por qué no llamas de nuevo a ver cuanto falta para que nos saquen?

Andrés
No Marcos, está confundido. Deben encontrarse bastante lejos de donde estamos nosotros. Hay que ser pacientes.

Marcos
¡Pero son rescatistas profesionales! Si nosotros no tardamos más de 3 horas en llegar hasta acá, ¿cómo van a tardar más que nosotros?

Hernán
¡No tardamos 3 horas! Entramos a la caverna a las 3 de la tarde, y si te fijás son las 11 y media ¿Pensas que estuvimos 5 horas acá sentados?

Pedro
(A Marcos)
Lo que pasa es que en la caverna se hace muy difícil no perder el sentido del tiempo.

Andrés
(Interrumpiendo a Pedro)
No solo el tiempo, sino también de la orientación; del exterior. Aquí el clima es estable, hay 10 grados todo el año; no existe el sonido…no hay siquiera un haz de luz. Es entendible que se sienta perdido.

Marcos
(Muy alterado)
¿Me están tomando por pelotudo? ¿Se piensan que no me doy cuenta de eso? ¿Que no tengo idea de lo que es una caverna? (A Pedro) Y vos, ¿Por qué mejor en lugar de hablar pelotudeces no te dedicas pensar qué hacer para sacarnos de acá?

Pedro
Discúlpeme señor, no fue mi intención tratarlo de esa manera. No se enoje, io solo intentaba tranquilizarlo un poco.

Marcos
¡No me tranquilizo una mierda! (Mirando a Hernán enojado, jugueteando nervioso con la cadenita) ¿Podes llamar por el Handy a ver que esta pasando? ¿O hace falta que te lo saque y llame yo?

Hernán
(Molesto ante la insistencia de Marcos)
Intenté hace un rato y no me respondieron. Aparte, Pedro conoce la caverna, y si dice que van a tardar unas horas en llegar, no tiene ningún sentido que nos comuniquemos ahora.

Marcos
(Yendo hacia Hernán como para pegarle)
¡Llamá la puta madre!

Andrés se para delante de Marcos y lo intenta frenar. Marcos visiblemente enojado busca pegarle a Hernán, pero no lo consigue.

Andrés
(Sosteniendo a Marcos)
Por favor, intente de nuevo.

Marcos
Soltame, que si no quiere llamar lo voy a obligar yo a que llame.

Hernán
¡Está bien! Voy a probar de nuevo, pero mantengamos la calma. Tratemos de hacer las cosas bien.

Hernán trata de hacer contacto, se escucha un ruido de búsqueda de señal.

Hernán
Nada che. (Saca un paquete de cigarrillos, toma uno y lo enciende).

Andrés
(Interrumpiendo a Hernán)
¿Qué estás haciendo? ¡Eso es peligroso!

Hernán
Pero la p... ¿No tenés nada mejor que hacer que estar mirando como prendo un cigarrillo? ¿Por qué no te pones a pensar como salir de acá o... no sé… o hacés algo productivo en vez de joderme a mí?

Pedro
No, pero tiene yazón. No es bueno que prenda un cigarrillo aquí adentro.

Hernán
¿Qué puede pasar si fumo? (mirando a Marcos, buscando complicidad) ¿Acaso voy a provocar un incendio?

Pedro
No es eso. No sabemos cuánto oxígeno puede haber en esta zona.

Hernán
(Refunfuñando)
Bueno, ¡perdón! No sabía que podía ser peligroso. (Piensa un poco en lo que dijo Pedro, y habla gritando, intentando que todos escuchen lo que le está diciendo a Pedro, lo mira de reojo a Marcos) Para un minuto, ¿cómo que no sabemos cuanto oxigeno puede haber? ¿Me estás jodiendo?

Pedro
No; igual no creo que sea algo para preocuparse, pero tenemos que estar seguros de que no se ceyaron las entradas de aire.

Andrés
¿Creés que puede ser para tanto?

Pedro
No sé... pero para qué ayiesgarnos. Con estas cosas es mejor no confiarse.

Hernán
Está bien, no hay problema; no fumo. Perdónenme, pero como verán esta situación me pone bastante nervioso.

Marcos
Si te pone nervioso la situación, ponete a hacer algo, como por ejemplo ¡Tratar de comunicarte! (Mirando a Pedro y a Andrés) Lo único que falta es que nos pongas más nerviosos a todos.

Marcos se sienta cerca de Hernán y lo mira de reojo, mientras saca de su bolsillo una barrita de cereal y la comienza a comer, siempre mirándolo con desconfianza. Pedro saca una linterna de su bolso y comienza a inspeccionar las paredes, como buscando algo. Mientras, Hernán saca la cámara de video del estuche, la enciende y comienza a filmar la caverna, deteniéndose en Marcos cuando este no se da cuenta.

Hernán
¿Qué estás haciendo?

Pedro
(Sin reparar en la filmadora)
Nada. Bah, estoy siguiendo las vetas de las rocas.

Hernán
¿Por? ¿Para qué?

Pedro
Para ver si es posible encontrar algo; no sé, ver si podemos encontrar una buena cantidad de agua por ejemplo.

Hernán
(Se pone en línea entre Pedro y Marcos. Lo filma también a Marcos)
Pero ¿no trajimos bastante agua?

Pedro
No, no digo que hayamos traído poca, pero si hay algo que no puede faltar es agua.

Hernán
¿Y hay agua en esta zona?

Pedro
Sí, de eso no tenga dudas. Lo que espero es que encontremos algún lugar cercano para poder recolectar un poco.

Hernán
¿Y esa linterna que estas usando?

Pedro
(Con una tímida sonrisa en la cara)
Es de esas nuevas que están vendiendo (mostrándola a la cámara) ¿vez? Apretando esta manijita de acá se carga. Es buena porque no hace falta ponerle pilas. Eso es una tranquilidad, y ma`adenro de una caverna.

Marcos
(Nervioso mientras juega con la cadenita que le cuelga del cuello)
¿Por qué en lugar de preguntarle boludeces no probas con el handy de nuevo?

Hernán
(Filmando a Marcos)
Primero no me grites, Marcos... y segundo que yo filmo lo que quiero. ¿Está bien?

Marcos
(Nervioso)
¿Te pensás que esto es un chiste que estás jodiendo con la camarita?

Hernán
¿Qué te pasa? ¡Soy periodista! , lo único que estoy haciendo es tratar de documentar lo que nos va pasando. Estoy seguro que ésta va a ser una historia interesante. ¿Por qué no te preocupas por tus cosas en lugar de joderme a mí?

Marcos
(Casi gritando, tapando la lente de la cámara y bajándola)
¿No te das cuenta que estamos encerrados en el medio de una montaña? ¿No vez que ni siquiera nos podemos comunicar con un puto rescatista, y vos seguís filmando con esa mierda en lugar de hacer algo con el handy?

Hernán
(Enojado, encarando a Marcos)
No me toqués la cámara. Decí lo que quieras pero NO me toqués la cámara.

Marcos
(Sin dejar de encararlo)
Está bien… pero entonces dame el Handy.

Hernán
El handy lo tengo yo.

Marcos
(Trata de sacarle el handy de la cintura)
¡Dame el handy!

Hernán
¿Qué hacés? Soltame.

Pedro
(Agarrando de atrás a Marcos para separarlos)
¡Basta! ¡No se peleen!

Andrés
¡Paren por favor!... Ya estamos muy nerviosos todos como para que aparte se peleen por cualquier cosa. ¿Por qué mejor no intenta comunicarse de nuevo con el celular?

Marcos
(A Pedro)
¡Soltame! (A Andrés) ¿Vos pensás que estaría esperando a ver cuándo se le ocurre a este pelotudo usar el handy si funcionara mi celular?

Se percibe un ruido distinto en el handy

Andrés
¿Escucharon eso? Hubo un cambio en la señal.

Marcos
(Acercándose a Hernán)
Deben estar intentando comunicarse, dejame probar.

Hernán
No, déjeme a mí. Creo que encontré una buena posición. (Se escucha ruido de búsqueda de señal, aparece una voz). ¿Hola? ¿HOLA?... (A Marcos) Nada. (Al handy) ¿Me escuchan? Cambio.

Andrés y Pedro se acercan al handy.

Hernán
(Al handy)
¡Hola!... ¡HOLA!

Handy
Hola, ¿Se escucha?, cambio.

Andrés
¡Ahí están! ¡Deciles algo!

Hernán
(Al Handy)
¡Sí, hola! ¡Somos el grupo encerrado en el interior de la caverna, cambio!

Handy
¿Se encuentran bien? ¿Hubo algún problema? Cambio

Hernán
Estamos todos bien; todo va perfecto; cambio.

Handy
En nuestra comunicación anterior dijeron que eran 4 personas, pero en los registros preliminares aparecen tres, ¿Cuántos son? cambio,

Marcos
(A Hernán)
¿De qué están hablando? ¿Qué importa cuantos somos?

Hernán
(A Marcos)
Seguramente no anotaste a Andrés como parte de la expedición; por eso deben llamar la atención. (Al handy) Somos cuatro, olvidaron inscribir a Andrés García como acompañante. ¿Alguien avisó a la policía? ¿Intervino de alguna manera? Cambio.

Handy
No, por ahora la policía no intervino, nos estamos ocupando de todo nosotros, cambio.

Andrés
(Interrumpiendo a Hernán)
Preguntales adonde están, o cuánto van a tardar.

Se acercan todos al handy

Hernan
(De mala gana)
¿Dónde se encuentran? Estamos escuchando todos; cambio.

Handy
Entendido. Estamos trabajando en el rescate. El camino esta cerrado por piedras; el derrumbe generó un movimiento grande en la caverna, y esto cambió bastante la morfología del lugar. Nos estamos moviendo lentamente porque aún hay estado de alerta por nuevos derrumbes, cambio.

Marcos
(Alterado)
¡Pero que nos digan cuanto van a tardar! ¡Deciles que yo estoy adentro!

Hernán
(A Marcos)
¡Basta Marcos! (Al handy) ¿Cuánto calculan que van a tardar en rescatarnos?, Cambio.

Handy
De momento no podemos estimar un tiempo aproximado. Estamos buscando caminos alternativos que estén menos complicados. Ante todo es importante que mantengan la calma y traten de ubicarse en algún sector que no haya sufrido variaciones, cambio.

Hernán
(Mirando sutilmente a Pedro, y luego hablando al handy)
Nos conviene buscar caminos alternativos ¿No?; cambio.

Handy
Sí, si Pedro está con ustedes podrían buscar aberturas; cambio.

Andrés
¿Cómo saben tu nombre y que estás acá?

Pedro
Por los yegistros con la gente que entra a la caverna. Aparte no hay muchos guías y nos conocemos todos.

Hernán
(Bajando un poco el tono de voz)
¿Alguna otra información? Tengo algunas imágenes del interior; cambio

Handy
Perfecto. Acá seguimos sin imprevistos; cambio

Marcos
(Gritando)
¿De qué están hablando? ¿Qué imprevistos? Insistí, en que nos digan ¡CUANTO VAN A TARDAR!

Hernán
(A Marcos)
No saben Marcos, ¿no escuchaste? Dijeron que no pueden precisarlo.

Marcos
(Intentando quitarle el handy a Hernán)
Dejame hablar a mí.

Hernán
¡Pará, que no se escucha lo que dicen!, ¡están hablando!

Andrés
(Gritando)
¡Se pueden callar! ¡No se escucha!

Marcos
¡Dejame a mí!

Hernán
¡Pará Marcos!

Marcos
¡¡DAMELO!!

Forcejean con Hernán, y Andrés en el medio trata de separarlos. Un poco más alejado de la acción se encuentra Pedro observando. En el forcejeo sutilmente Hernán deja caer el handy, que se rompe al impactar con el piso.

Andrés
¡NO!

Primero se quedan todos estupefactos. Se miran entre ellos. Hernán se pone en cuclillas, aparentando no entender lo que está ocurriendo. Marcos se da vuelta y putea al aire. Andrés se agacha, toma el handy e intenta hablar. Se lo ve preocupado. Prueba si funciona sin éxito. Pedro sigue mirando todo al margen, pero particularmente lo mira a Hernan.

Andrés
¿Hola? ¿Se escucha? Cambio… ¡cambio! … ¡Hola cambio!

Andrés saca las pilas desesperado y las vuelve a poner, hace cosas con el handy intentando arreglarlo, pero nada.

Marcos
(Mirando hacia arriba.)
La puta que los parió. ¡La PUTA MADRE que los parió!


Si desean el texto completo, enviar mail a: estomba19@hotmail.com

Con olor a encierro

CON OLOR A ENCIERRO - Obra para niños - Silvia Labrador -Adaptación del cuento "Fermín de la Estrella" de Liliana Bodoc - 2008

PERSONAJES:

ELÍAS:
un nene de 11 años (o actor que los represente)
ELISA:
su madre, una campesina, como él.
FERMÍN de la ESTRELLA:
un hombre imponente, por su altura y /o robustez.
MARGA:
una mujer de ciudad.
PÍO:
un búho,
PAYO: un benteveo y
PIETRO: un lorito,
encarnados en tres títeres o marionetas.

Primera escena

Un viejo caserón abandonado. Sucio y cubierto de telarañas. Con los vidrios de las ventanas rotos. Se escuchan los sonidos de una tormenta. Hay una gran mesa y encima de ella, a la luz de una sola vela, algunas jaulas, rollos de alambre, algunas herramientas. Sillas, un perchero.
Aparecen en escena Elías, un delgado niño de unos 11 años y Elisa, su madre. Ambos visten ropa muy gastada, pero limpia y prolija.

ELÍAS: ¡La puerta está sin llave, mama! (La abre produciendo un fuerte chirrido.) ¡Qué oscuro! ¡Y hay un olor asqueroso, mama! ¡Puaj! ¡Qué asco!

ELISA: Es humedad, m’hijo, no es otra cosa que olor a humedad y a encierro.

ELÍAS: ¡Encierro de un gato muerto debe ser, mama! ¡O de cien sapos reventados! ¡O de mil gusanos podridos! ¡O de...! (Interrumpiéndose al ver las jaulas sobre la mesa.) ¿Y esto? ¿A quiénes van a meter ahí dentro, mama?

ELISA: A los pájaros seguramente, m’hijo...

ELÍAS: ¿A los pájaros? Pero, mama, ¿y a quién se le ocurriría encerrar a los pájaros? Si ellos tienen todo el bosque...

ELISA: Sí, m’hijo, pero parece que no por mucho tiempo... y aunque no lo crea, hay gente a la que le gusta encerrarlos, aunque no sea más que pa’mirarlos y oírlos cantar, m’hijo.

ELÍAS: Pero así no pueden volar, mama. Es como si le cortaran las alas. ¡Eso no está bien!

ELISA: Y no, m’hijo, pero qué se le va a hacer...

ELÍAS: (Observando detenidamente todo el ambiente.) Esta casa parece la del cuento que nos contó la maestra, era una casa vieja, llena de fantasmas... ¿quiere que busque a ver si hay, mama?

ELISA: No, m’hijo, mejor busque una escoba y póngase a barrer. Que necesitamos la paga pa’ comer mañana.

ELÍAS: (Tomando una escoba que encuentra en un rincón y blandiéndola como si fuese una espada) Porque si quiere, mama, yo busco a los fantasmas y lucho con ellos así y así y así, hasta que los mate a todos, mama, porque yo soy Elías, el valiente, mama...

(En ese momento, se escucha un fuerte trueno y “Elías, el valiente” deja la escoba y corre a esconderse debajo de la mesa. Entra Fermín de la Estrella, que llega con un pájaro muerto en la mano . Tiene aproximadamente unos 50 años, es alto, barbado, viste ropa oscura, y lleva una capa negra, para protegerse de la lluvia.)

FERMÍN DE LA ESTRELLA: (Bramando furiosamente) ¡Maldita tormenta! ¡Arruina mi trabajo y mi mercadería! ¡Docenas de cadáveres de estos estúpidos pájaros! (Descubriendo a Elisa) ¡Por mil demonios! ¿Y usted quién es?

ELISA: ¿Yo, yo, señor?

FERMÍN: (Aún furioso mientras se saca su capa) ¿Y acaso hay alguien más aquí? (Al oír esto, Elías se esconde aún más, tapándose con el mantel que cuelga de la mesa. Fermín va hacia atrás, enciende unas velas y descubre unas jaulas que hasta ahora estaban tapadas, apareciendo a la vista de todos, cada uno en la suya propia, un búho, un benteveo, un lorito y un pichoncito) Digo... (Riendo malignamente) ¡además de mi mercadería!

ELISA: Soy la Elisa, señor. Usté me mandó a llamar.

FERMÍN: ¿Yo?

ELISA: Sí. Pa’ que venga a limpiar, señor. Así me dijo el Ruperto, que usté le avisó que me precisaba.

FERMÍN: Bien, pero ahora desaparezca. ¡Fuera de mi vista! (Va hacia la mesa, descubriendo primero la escoba en el piso y luego el movimiento del mantel, entonces lo levanta repentinamente, ve a Elías y lo toma de la ropa, arrastrándolo hacia fuera) ¿Y éste quién es?

ELISA: Es m’hijo menor, señor, el Elías. Me lo traje pa’ que me ayude.

FERMÍN: ¿Para que la ayude, esto? No parece muy fuerte que digamos...

ELISA: ¿El Elías? Sí, patrón, así como lo ve, sabe hacer de todo. Es muy trabajador.

FERMÍN: ¡Ahá, mire qué bien! Porque justamente ando buscando un ayudante. (Lo observa detenidamente) Poca paga, aunque eso sí, casa y algo de comida, no mucho, ¿eh? No se puede trabajar bien con la barriga llena. Si le interesa...

ELISA: (Dudando) No, no sé, patrón. No sé. El Elías siempre vivió conmigo y con sus hermanos ¿vio? Porque su tata se ha ido hace un año ya a trabajar a la ciudad ¿vio?

FERMÍN: ¡Ah, bueno, si no necesita...! (Se pone a revisar las jaulas de la mesa y a ordenar sus herramientas.)

ELÍAS: (Atreviéndose a hablar.) ¡Sí, sí, señor! ¡Sí, necesito! ¡Y sí quiero ser su ayudante!

FERMÍN: (Fermín se vuelve a mirarlo) ¡Ahá! ¿Así que no era mudo el jovencito?

(Fermín vuelve a lo suyo, aparentando indiferencia . Elisa y Elías mantienen la siguiente conversación a un costado, susurrando.)

ELISA: ¡No, m’hijo, no tiene que hacer esto! ¿Qué va’hacer usté solito acá, con este hombre?
ELÍAS: Pero, mama, será por poco tiempo, pa’juntar unas monedas y vivir más tranquilos hasta que vuelva el tata. Y sin tener que pedirle a los vecinos un poco de leche o el pan pa’hacer la harina.

ELISA: Hijo, podemos volver juntos pa’ el rancho, ¿sí? No tiene que hacer esto.

ELÍAS: (Mirando a Fermín y luego a su madre nuevamente.) No, mama, me quedo con el pajarero.

ELISA: Pero si ni conoce a este hombre, m’hijo...

ELÍAS: Y bue, mama, ya lo voy a conocer mejor.

ELISA: (Susurrando.) A mí este hombre no me gusta nada, m’hijo y menos pa’que se quede solito con él.

ELÍAS: No me va a pasar nada, mama.

ELISA: Además, usté va a extrañar, m’hijo...

FERMÍN: ¿Y? ¡No tengo todo el día!

ELÍAS: Sí, señor, acepto.

FERMÍN: Muy bien, entonces... ¡Manos a la obra!

ELISA: (A Fermín) Pero...

ELÍAS: Mama, por favor, déjeme ayudar como mis hermanos, ¿no ve que ya estoy grandecito?...

ELISA: (A su hijo) Sí, pero es que usté...

FERMÍN: (Interrumpiéndola y bramando furioso) ¡Basta de peros! ¿Necesitan o no el trabajo?

ELISA: Sí, sí, señor, lo que pasa...

FERMÍN: ¡Lo que pasa es que yo no tengo tiempo para perder!. ¡Así que ahora váyase de una vez, mujer!

ELISA: (A su hijo, nuevamente) Está bien, m’hijo, pero aliméntese bien, ¿eh?.Coma todo lo que le dé, no le haga asco a nada.

ELÍAS: Está bien, mama.

ELISA: Aunque el guiso sea con batata, m’hijo, ¿eh?

ELÍAS: Está bien, mama.

ELISA: Y aunque el pan esté un poco quemado, m’hijo, ¿eh?
ELÍAS: (Perdiendo la paciencia) ¡Sí, mama!

ELISA: Y abríguese bien a la noche, no me vaya a tomar frío, ¿eh?

ELÍAS: ¡No, mama!

ELISA: Y se me baña todos los días...

ELÍAS: ¡Ufa, mama!

ELISA: Y se me lava la ropa, ¿eh? No me va a andar sucio por ahí...

ELÍAS: ¡Basta, mama! ¡Déjeme de joder!

ELISA: (En voz alta .) ¡M’hijo, no me falte el respeto!

ELÍAS: Y bueno, mama, también usté...

ELISA: Bueno, m’hijo, lo veo la semana próxima.

FERMÍN: ¿Qué dice?. No, en un mes. Vuelva en un mes, para buscar la paga de su hijo. Ah...y tome (Le arroja una moneda)

ELISA: (Tomando la moneda y mirando tristemente a su hijo.) Bueno, m’hijo, lo veo en un mes, entonces. ¡Cuídese mucho! (Lo besa y comienza a irse.)

ELÍAS: Mama, dele saludos a mis hermanos y dígale que los quiero. (Elisa vuelve y se abrazan. Fermín termina con la situación, haciendo flamear el hacha que sostiene en su mano derecha.)

FERMÍN: Bueno, ¡basta de despedidas, a trabajar ahora mismo! (Elisa sale rápidamente. Fermín se acerca a Elías, amenazante, aún con el hacha en la mano.) Y bien...¿está dispuesto a respetar mis reglas, quiero suponer, no?

ELÍAS: Sí, señor.

FERMÍN: Yo no estaría tan seguro... ¿Sabe leer?

ELÍAS: Sí, sí, señor, aprendí en la escuela yo.

FERMÍN: Muy bien, entonces léalo en voz alta. Es su contrato de trabajo.

ELÍAS: “El ayudante que desee mantener su trabajo, su pago y su... pellejo (Acá Elías se interrumpe, mirando asombrado a Fermín, al ver que este lo mira severamente, continúa su lectura.)... deberá cumplir con estos deberes: No abrir jamás las ventanas del caserón. (Elías, interrumpiendo la lectura nuevamente)

ELÍAS: ¿Ni cuando hace calor?
FERMÍN: ¡No pregunte y siga leyendo!

ELÍAS: (Retomando la lectura) No ponerle nombre a los prisioneros ni hablar con ellos. (Otra vez se detiene para preguntar): ¿Por qué? (Al ver la mirada furibunda de Fermín, vuelve inmediatamente a la lectura) En caso de que algún pájaro escape de su jaula, el ayudante deberá hacer uso de una honda y arrojar contra el ave una piedra mortal. (Aquí Elías vuelve a interrumpirse, horrorizado.)

ELÍAS: ¿Matarlo? ¿Usté quiere decir quitarle la vida?

FERMÍN: ¿Va a continuar o prefiere que llame a su madre para que venga a buscarlo?

ELÍAS: (Retomando su lectura .) - ...de ese modo, los demás prisioneros aprenderán a estar quietos y a ser obedientes.” Firmado: Fermín de la Estrella, cazador de pájaros.

FERMÍN: ¿Y? ¿Está dispuesto a empezar ahora mismo? (Elías tarda en responderle) ¿Y? ¡Conteste de una buena vez!

ELÍAS: (Susurrando su respuesta) Sí, señor.

FERMÍN: (Tomándolo de la ropa) ¡Más fuerte!

ELÍAS: ¡Sí, señor! (En ese momento vuelve a escucharse un fuerte trueno. Apagón.)


Segunda escena

(Elías está limpiando las jaulas y dándole de comer a los pájaros. Se lo ve muy serio. De pronto se escuchan pasos. Es Fermín de la Estrella, que entra y lo mira mientras se acerca a las jaulas, las revisa, las cambia de lugar, saca el comedero de una y lo intercambia con el de otra, desaprobando el trabajo de Elías con su fría mirada, sin dirigirle la palabra. Elías intenta defenderse)

ELÍAS: Ah...¿me equivoqué, señor? Yo pensaba que el alpiste era solamente pa’los canarios y el mijo pa’los... (se interrumpe al ver que Fermín lo vuelve a mirar amenazante, se da vuelta y sale de la habitación sin pronunciar palabra. Elías se queda mirando hacia donde él se fue durante unos segundos, como paralizado. De pronto se escuchan las risas y las voces de los pájaros, el búho, el más viejo, el benteveo y el lorito, el más joven, encarnados en tres títeres. Elías se sobresalta, dándose vuelta)

BÚHO : (Riéndose a carcajadas) ¿Debo entender, si mi sabiduría no me falla, que este es Elías, el valiente? (Elías lo mira, sorprendido)

BENTEVEO: (Haciéndose eco de la burla del búho) Sí, “bicho feo”, el que iba a luchar con los fantasmas... y los iba a vencer a todos.

LORITO: Prrrrrr....y los iba a vencer a todos, prrrrr. (Ríen a más no poder. Elías los mira ahora enojado, está a punto de contestarles algo pero lo piensa mejor y retoma callado su trabajo. Ellos vuelven a la carga)

BÚHO : Creo poder afirmar que Elías, el valiente, no puede luchar ni con una mosca (estalla otra vez en una carcajada)

BENTEVEO: “¡Bien lo veo!”. Ni con un mosquito siquiera. No, ni con una pulga podría...

LORITO: Prrrrrr... Ni con una pulga podría...

(Elías está furioso. Va hacia sus jaulas, saca sus comederos y se los lleva con él. Los pájaros empiezan a gritar haciendo mucho escándalo. Elías regresa, chistándoles para que se callen. Ellos siguen gritando a viva voz, para que les devuelva su comida. Finalmente, les vuelve a colocar sus comederos y se pone a limpiar una jaula vacía que está sobre la mesa, ignorándolos)

BÚHO: ¡Parece que no le gustan mucho las bromas a Elías, el valiente!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Aunque no lo escucho!

LORITO: Prrr... ¡No lo escucho! Prrr...prrr... ¡No lo escucho!

BÚHO: Yo creo que tiene miedo de romper el pacto de silencio...

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Qué pena!

LORITO: (Gritando) ¡Prrr...prrr...! ¡Qué pena! ¡Qué pena! ¡Prrr...prrr...! ¡Pena! ¡Pena!

BÚHO: (Asomándose desde su jaula para mirarlo) ¿Qué te pasa, Lorito?

BENTEVEO: (Mirando hacia donde está inclinado el lorito, otra jaula) ¡Bien lo veo! ¡Es el pichón de zorzal! ¡Bicho feo! ¡Ese bebé no está bien!

BÚHO: (Mirando también) ¡Pobrecito! ¡Está muy débil!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Le falta comida!

LORITO: Prrr...prrr...¡Comida! ¡Comida!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¿Pero qué hacemos?

BÚHO: ¡Ya sé! ¡Pidámosle a Elías! ¡Quizás él pueda ayudarlo!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Buena idea! (Llamándolo) ¡Elías! ¡Elías, el valiente! ¡Urgente!

LORITO: Prrr...prrr... ¡Urgente! Prrr... ¡Urgente!

(Elías se tapa los oídos para no escucharlos)

BÚHO: ¡Me parece que ya es demasiado tarde! ¡El pichón está muy quieto!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! (Llamándolo nuevamente) ¡Elías! ¡Elías, el valiente!

BÚHO: ¡No! ¡Es tarde ya! ¡Se murió! ¡Se murió!

(Elías se da vuelta y va rápidamente hacia la jaula del pichón)

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Pobrecito! ¡Bien lo veo! Primero su mamá y ahora él...

LORITO: Prrrrrr...prr...prrrimero su mamá, y ahora él...

ELÍAS: ( Rompiendo el pacto de silencio) ¿Qué le pasó?

BÚHO : Su mamá se ha muerto de tristeza, por el encierro...

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! Y porque la separaron de sus otros hijitos. A éste el pajarero...¡bicho feo!, no lo vio porque él se escondió bien debajo del ala de su mamá.

LORITO: Prrrrrr, debajo del ala de su mamá.

ELÍAS: Pero, ¿por qué se ha muerto él? ¿También de tristeza?

BÚHO: De inanición.

ELÍAS: ¿De qué? ¿Y eso qué es?

BÚHO: De hambre, Elías, de hambre. Porque era muy pequeño y la necesitaba a ella todavía
para alimentarlo en el pico.

ELÍAS: (Abriendo la jaula y sacando al pichón de ella.) ¡Por Tata Dios! ¡Nunca he visto tanta maldad! ¡Pero quizás no esté muerto todavía!

BÚHO: Sí, Elías, es muy triste, pero está muerto.

ELÍAS: (Muy excitado) ¡No, a lo mejor, no! Yo vi una vez cómo resucitaron a Don Anselmo, el viejo del almacén...¡Y él también parecía bien muerto! (Elías envuelve al pichón entre sus manos para darle calor y le sopla su aliento)

BÚHO: No hay caso, Elías...¡Ya es tarde!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Lamentablemente ya es muy tarde!

LORITO: Prrrrr, ¡Muy tarde! ¡Muy tarde!
ELÍAS: ¡No! ¡Cállense! (Le da ahora masajes en el pecho) ¡Vamos, pichoncito, que su mama ya no está pero ahora yo lo voy a cuidar! ¡Vamos! (Prueba con presionar con su palma varias veces en el pecho del pichoncito) ¡Vamos, que yo le voy a dar de comer! ¡Y le voy a dar mucho calorcito! ¡Vamos, pichoncito! (Presiona aún más fuertemente) ¡Respire! ¡Respire! ¡Vamos, respire! ( De pronto, se lo escucha piar. Los pájaros festejan, enloquecidos)

BÚHO: ¡Lo logró! ¡Lo logró!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Está vivo! ¡Está vivo!

LORITO: Prrrrrr...¡Está vivo! Prrr...¡vivo!

ELÍAS: ¡Qué alegría, mi pichoncito lindo! (Lo besa) ¡Lindo, muy lindo! ¡Tengo que ponerte un nombre! ¿Cómo te llamaré, eh? ¡Ya sé! Te llamaré: “Pipín, el que se salvó de la muerte por un pelín.”

BÚHO: ¿Un nombre? ¿Y dónde se ha visto a un pájaro con nombre, eh?

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Esa es costumbre de humanos, no de pájaros!

LORITO: Prrr... ¡No de pájaros! Prrr.

ELÍAS: (Al búho) ¿O sea que usté no tiene nombre?

BÚHO: No, yo soy simplemente el búho, y así me conocen todos, como el más viejo.

BENTEVEO: ¡Bien te veo! ¡El más viejo y el más sabio!

LORITO: Prrrrrr...¡El más sabio!

ELÍAS: Bueno, pero los nombres son necesarios, si me permite, che, a usté lo llamaré Pío...¡el que sabe más que mi tío!

BÚHO: Sí, Elías, el valiente, te permito, si para vos es tan importante..

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Pío! ¡Lindo nombre!

LORITO: (Burlándose) Prrrr... Pío...prrrr....tío......prrr...tío Pío... prrrr...Pío tío....prrrr...¡qué lío! Prrr...

(Todos lo miran muy serios, hasta que él, percibiéndolo, enmudece.)

ELÍAS: (Volviéndose ahora al benteveo) Y a usté... si me permite, claro, lo llamaré Payo, el que para ver bien ¡es un rayo!

BENTEVEO: ¡Bien me veo! Te permito ¡y me gusta, Elías!
LORITO: (Vuelve a burlarse) Prrrrr....prrrr... ¡rayo, rayo, zapallo! ¡Prrrr... Payo zapallo! ¡Prrr... Payo caballo! Prrr... ¡Zapallo a caballo! ¡Prrr...!

ELÍAS: Y a usté, lorito, que está tan divertido, lo llamaré Pietro, el que repite todo derecho.

BÚHO: ¡Del dicho al hecho!

BENTEVEO: (Mirando al lorito, que ha dejado de reírse y se ha inclinado en la jaula, acercándose más a la puerta, muy serio) ¡Bien lo veo! ¡Torcido más que derecho, Pietro!

LORITO: Prrrrr...prrrr...(enderezándose) ¡todo derecho! ¡Pietro! Prrrrr... ¡Pietro, derecho! Prrrr...

ELÍAS: (Salticando alegre y torpemente) ¡Qué bueno, amigos! ¡ Pío, Payo y Pietro, los amigos de Elías, el valiente! (Se pone serio de repente) ¡Pero no digan nada de los nombres, que el pajarero me lo ha prohibido!

BÚHO: ¡Ah! ¡Resultó rebelde Elías, además de valiente!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡Bien rebelde!

LORITO: Prrrr...¡rebelde! Prrr.

ELÍAS: ¡Bueno, y ahora me voy a buscar leche!

BÚHO: ¿Leche? ¿Y para qué?

ELÍAS: ¿Cómo para qué? Para darle de comer a Pipín...

BÚHO: ¡Parece que Elías, el valiente, aún no aprendió que los pájaros no se alimentan con leche!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! Hay que darle una papilla.

LORITO: Prrrrrr....papilla, prrrrrr....¡papilla....prrrr....papilla!

ELÍAS: (Al lorito, molesto) ¡Bueno, YA, no sabía lo de la leche pero ya entendí!

BÚHO: (Riendo) Es que el lorito no hace mucho que dejó de comer papilla...

ELÍAS: Tá. Pero ¿cómo hago para conseguir papilla?

BÚHO: Elías, el valiente, tendrás que demostrar tu valentía VERDADERAMENTE.

ELÍAS: ¿Pero cómo?

BÚHO: Yendo a la cocina cuando Fermín de la Estrella duerma.
BENTEVEO: ¡Bicho feo! ¡Como ahora!

LORITO: Prrrrrr... ¡Ahora! Prrr... ¡Ahora!

ELÍAS: ¿Y con qué preparo una papilla?

BÚHO: Con lo que encuentres, Elías: fruta, papa, arroz, pan mojado con agua, lo que haya a
mano, ¡pero pronto!

ELÍAS: Bueno, pero me avisan si se despierta Fermín de la Estrella, ¿eh?

BÚHO: ¡Está bien, te avisaremos!

(Elías sale corriendo con el pichoncito en la mano. De pronto el búho lo llama.)

BÚHO: ¡Elías! ¡Elías, el valiente!

(Elías regresa apresuradamente)

ELÍAS: ¿Qué pasa, Pío, qué pasa?

BÚHO: Me olvidé de decirte que no sales la papilla ni la endulces.

ELÍAS: ¡Ah, bueno, me había asustado! ¿Así que no le puedo poner azúcar? ¡Pobrecito, con azúcar es más rica!

BÚHO: ¡No, Elías, le hace daño!

ELÍAS: Está bien, usté es el que sabe. (Elías se va rápidamente. El búho vuelve a llamarlo.)

BÚHO: ¡Elías! ¡Elías, el valiente! (Elías regresa de nuevo a toda velocidad)

ELÍAS: ¿Qué pasa ahora, Pío, qué pasa? ¡Me va a matar de un susto!

BÚHO: ¡No se la vayas a dar fría!

ELÍAS: (Tomando impulso para irse) ¡Bueno, Pío!

BÚHO: ¡Elías! ¡Elías, el valiente!

ELÍAS: (Deteniéndose y volteando hacia los pájaros una vez más, molesto) ¿Qué, Pío?

BÚHO: ¡Ni tampoco muy caliente!

BENTEVEO: ¡Bien lo veo! ¡No! ¡Muy caliente, no! ¡Se puede quemar!

LORITO: Prrrr....¡quemar! ¡quemar! Prrrr.

(Elías se va. Se escucha un ruido y los pájaros se alarman)

BÚHO: ¿Qué fue eso? ¿Será el pajarero?

BENTEVEO: ¡Bicho feo! ¡El pajarero!

LORITO: Prrrr... ¡El pajarero! Prrrr...¡El pajarero!

BÚHO: (Gritando desesperado) ¡Elías! ¡Elías, el valiente!

(Elías, sin querer ya escucharlos, contesta desde la cocina)

ELÍAS: ¡Basta, ya entendí todo! ¡No me molesten más! ¡Estoy ocupado!

(Vuelven a escucharse ruidos y pasos. Los pájaros enmudecen del susto. Finalmente llega Fermín de la Estrella)

FERMÍN: (Gritando enojado) ¿Pero qué es lo que pasa con tanto alboroto, eh? ¿Es que no puedo descansar tranquilo en mi propia casa?

(Los pájaros comienzan a hacerse señas, tratando de planear algo para distraer a Fermín, para que no vea la jaula del pichoncito, ahora abierta y vacía. Fermín va recorriendo la habitación, y como si sospechara de ellos, cada tanto se da vuelta bruscamente a mirarlos, pero ellos se quedan quietos al instante. Finalmente, en un intento desesperado de alejar a Fermín que ya está por llegar a la jaula, el lorito comienza a hacer mucho ruido, agitándose exageradamente)

LORITO: (Golpeándose contra los barrotes de la jaula) Prr...prrr...prrrrr. ¡La papa! ¡La papa!

FERMÍN: (Acercándose a la jaula y abriéndola) ¿Qué es lo que te ocurre? (Revisando el comedero) ¡Volcaste todo tu alimento! Pues te merecerías gritar hasta quedarte sin voz... ¡Si no fuera porque me pagan por ti muchas monedas! (Se dirige hacia unas bolsas de semillas que hay a un costado, revisándolas. Al descubrir que ya casi no hay más, grita furioso) ¡Ese tonto niño me ha gastado todas las semillas! ¡Deberían haber alcanzado para un mes más al menos! (Mirando a los pájaros) ¡Se lo dije! ¡Sólo lo indispensable para que no mueran de hambre y yo pueda convertirlos en dinero! Pero parece que el jovencito no entendió... ¡tendré que explicárselo mejor! (Fermín se da vuelta y mira hacia la puerta que va a la cocina. Los pájaros advierten el peligro. Esta vez es el benteveo el que se mueve desesperadamente hasta que logra abrir la jaula y sale volando. Fermín voltea sorprendido)


FERMÍN: Pero...¿qué es esto, pájaro estúpido? ¿Qué estás haciendo? (Lo toma del cuello y lo lleva nuevamente a la jaula) ¡Lo rompiste, pájaro idiota! ¡Lo rompiste! ¡Ya vas a ver! (Abre la jaula del búho y lo mete allí) ¡Quédate ahí hasta que regrese! ¡Lo único que faltaba! (Fermín se lleva la jaula y sale.)

Apagón.

Si desean el texto completo, enviar mail a: sil_labrador@hotmail.com

Final del Juego

FINAL DEL JUEGO - Adaptación del libro homónimo - Luz Rodríguez Urquiza - 2008

Personajes:
Tía Ruth: Ama de casa. Madre de Leticia y Holanda. Cuida a los animales. Llena siempre de sermones a sus hijas y su sobrina, Amelia.

Julia: Ama de casa, madre de Amelia. Hermana mayor de Tía Ruth, con la que vive. Se ocupa de las tareas de la casa, tiene mucha energía y es muy estricta con las chicas.

Amelia: Jovencita de 13 años aproximadamente. Hija única de Julia, prima de Leticia y Holanda.

Holanda: Jovencita de 12 años, hermana menor (sólo un año de diferencia) de Leticia. Hija de Tía Ruth.

Leticia: Jovencita de 13 años, tuvo una enfermedad cuando nació que le dejó sin desarrollar la parte del tórax, por lo que tiene una especie de joroba en la espalda y el cuerpo de una niña. Le cuesta moverse con soltura y debe tener cuidados especiales, hace reposo, es enferma crónica y la tratan como tal.

Escena 1:

Terraplén, borde de la vía del tren, vacío, con pasto. Hay una pequeña pared, donde las chicas guardan sus disfraces y se pueden esconder.

Las tres chicas llegan al terraplén. Holanda y Amelia llegan antes y esperan a Leticia, que camina más lento. Leticia se para unos metros antes de llegar y se sienta.

Leticia:
Estoy cansada.

Amelia y Holanda la miran, se miran y la van a buscar. Se agarran de las manos y Leticia se sienta tipo “hamaquita de oro”. Así la llevan hasta el terraplén. Esto es algo que sucede casi todos los días.

Holanda (ansiosa y escondiendo las manos bajo su delantal):
Hoy qué toca? Hoy qué toca?

Leticia:
Estatua, nena… No te acordás que ayer hiciste la envidia?

Holanda:
La envidia?

Leticia:
Sí, nena, no te acordás?

Amelia:
Sí, si parecía que tenías la cara verde y todo!!!

Holanda:
Sí, ya me acordé, y no tenía la cara verde!!

Amelia: (canturreando)
Holanda envidiosa, cara de sosa…

Holanda:
Ah, no.. si me siguen cargando no les muestro lo que traje…

Leticia:
Basta, Amelia, terminála. (a Holanda) Qué trajiste?

Holanda:
Primero júrenme por la luz de sus ojos que nunca en la vida van a decirle a nadie que yo saqué esto de la casa…

Amelia y Leticia (mirándose, levantando una mano y cruzando los dedos atrás con la otra):
Lo juramos!

Holanda:
No vale, si cruzan los dedos no les muestro nada!!

Leticia:
Ufa, nena, dale… Lo juramos de verdad, mostrá las manos, Amelia.

Las dos levantan una mano y muestran la otra con los dedos sin cruzar.

Holanda:
Bueno, acá va… chachachannnn!!!

Holanda saca las manos de debajo del delantal y muestra un corpiño muy grande.

Amelia (asombrada y conteniendo la risa):
Es el de tu mamá!!!!!!!!!!!

Holanda:
Si!!! Lo saqué de la soga cuando volví del almacén con las compras!!!

Leticia:
Ay, Holanda!!! Mamá te mata si sabe que sacaste su ropa interior!!!

Holanda:
Bueno, pero no se va a enterar, no es cierto?

Amelia (mirando el corpiño y poniéndoselo por encima de su ropa, mientras se ríe con Holanda):
Cuánto tiene la tía para rellenar todo esto…?

Holanda (riéndose cada vez más con Amelia):
Como cien kilos debe tener ahí!!!

Amelia:
Para mí son más pesadas que el mármol de la cómoda!!

Amelia y Holanda se ríen a carcajadas, Leticia mira en silencio.

Holanda:
A mí no me gustaría tener tanto…

Amelia:
Pero vas a tener como ella, siempre las hijas tienen como las madres…

Holanda:
Sí, y vos también, tu mamá tiene un montón!!

Amelia:
Sí, pero ustedes mucho más, Tía Ruth es la más tetuda!!! (al decir Amelia esta palabra ella y Holanda estallan en risas.)

Leticia:
Basta, Amelia, terminála!!! No siempre las hijas tienen lo que tienen las madres!!

Amelia y Holanda se miran, dejan de reírse.

Holanda: (tratando de salvar la situación y que Leticia no se sienta mal)
No, es cierto, a veces no… La hija más grande las de Loza no tiene nada, y eso que la madre es como mamá…

Amelia: (igual que Holanda)
Además, Leticia, todavía tenés tiempo… Yo estoy segura de que te van a crecer… no es cierto? (la mira a Holanda para que diga que sí)

Holanda (con excesiva efusividad):
Sí, claro!!

Leticia:
Basta, les dije! Eso a mí no me interesa!
(Holanda y Amelia se miran. Silencio, hasta que Amelia se encoge de hombros)

Amelia:
Ehh… Empezamos? Va a venir el tren!

Leticia:
Sí, pero no usamos el corpiño, yo no quiero.

Holanda:
Bueno, si te toca a vos no lo uses, yo me lo quiero poner si me toca…

Leticia (cruzándose de brazos y dándose vuelta):
No, si es así yo no juego.

Amelia:
Ya debe estar por venir!!! Holanda, dejá, no usemos el corpiño y listo, si no no vamos a poder jugar!!

Holanda (poniendo cara de fastidio):
Bueno, está bien, no lo usamos… pero es injusto…

Amelia:
Bueno, dale, no lo usamos, dale, Leti, sorteamos?

Leticia:
Bueno, a ver… Pónganse.

Holanda y Amelia se ponen una al lado de la otra. Es un ritual que tienen todos los días para elegirse.

Leticia: (a Amelia)
Empiezo por vos: A la lata, al latero, a la hija del chocolatero… Vos no. (sale una) A la lata, al latero, a la hija del chocolatero… Vos no… (sale la otra) Quedo yo!!! A ver, pónganse de nuevo: Le – ti- cia… (señala a Holanda) Te toca a vos, nena!!!

Leticia y Amelia se miran con rabia, Holanda contenta.

Holanda:
Bien!!! Dos días seguidos!!!

Amelia:
Holanda siempre tiene suerte…

Leticia:
Sí, dicen que al que tiene suerte le va mal en las otras cosas…

Holanda:
Bueno, no es mi culpa que salga siempre… No tenés que decirme así, tampoco… Encima que no me dejan usar lo que traje…

Amelia:
Bueno, paren, terminenlá… (a Leticia) A ver, qué le elegimos? (empieza a buscar ropa y accesorios en la caja)

Leticia:
A ver… No, eso no… Éste me gusta… Pongámosle esta en el cuello y esto como si fuera una pollera… (empiezan a vestir a Holanda, que se queda quieta)

Amelia: (aceptando lo que decide Leticia)
Y algún sombrero?

Leticia:
Bueno. Éste…

Holanda:
Apúrense que ya se escucha el ruido!!!

(se oye un tren a lo lejos, cada vez más fuerte)

Leticia:
Bueno, estatua de qué vas a hacer?

Amelia:
Parecés una cantante de ópera!!!

Holanda:
Dale, como las que vimos el día que fuimos con la tía Laura!!!

Amelia:
Sí!!! Ésas que abrían la boca y chillaban como locas!!! (se ríen Holanda y Amelia, Leticia queda callada)

Holanda:
Pónganme ropa abajo del vestido, porque eran re gordas, se acuerdan? Y tetudas.. (se ríen con Amelia)

Leticia:
Yo no estaba, nena…

(Holanda y Amelia se miran con cara de metimos la pata)

Amelia:
Bueno, igual no fue tan divertida la ópera…

Holanda:No, solamente era un montón de gente gritando así: Ahhhhhhhyyyyyy!!!! (grita como cantante, ella y Amelia se tientan de risa, aunque tratan de disimular)

Se escucha la bocina del tren, con el sonido ya muy fuerte

Leticia:
Viene el tren!!!

Sonido del tren que pasa al mismo tiempo que el apagón, el sonido de este tren se funde con el de la escena 2.

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La casita feliz

LA CASITA FELIZ - Adriana Ferrari - 2007
Obra de teatro para niños, ganadora del 1º Premio del Concurso de Dramaturgia "Cultura, Derecho, Necesidad y Decisión" organizado por el Instituto Nacional del Teatro, Argentores, la Asociación Argentina de Actores y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Living de la casa: Se ve una casita de juguete en el medio. Es la mañana siguiente antes de ir al trabajo. Entra el padre desde el dormitorio con el portafolio, revisa unos papeles. Entra la madre con la cartera, terminando de arreglarse. La madre se queda mirando la casita, el padre acomoda los papeles en el portafolio, lo cierra. Cuando va a salir, se choca con la casita.

PADRE: ¡Ay! ¡Juguetes por todos lados! (Saluda a la madre y se va)

MADRE: (Mirando la casita, pregunta hacia las habitaciones) Camila, ¿qué hace tu casita en el medio del living?

CAMILA: (Desde la casita) ¡Estoy en huelga!

MADRE: (Mira la casita) ¿Cómo? (Intenta abrir y no puede)

CAMILA: Ni lo intentes. Están reforzadas todas las cerraduras. Esto es una huelga.

MADRE: ¿Huelga... de qué?


CAMILA: En huelga de... de protesta.

MADRE: ¿Cómo...? ¿En protesta de qué? ¡Camila salí de ahí!

CAMILA: No.

MADRE: ¿Cómo que no? Salí.

CAMILA: No, no, aquí estoy bien.

MADRE: Camila se va a hacer tarde. (Intenta meter la mano por la ventanita y Camila la pincha con un tenedor) ¡¡Ay!! ¿Qué tenés ahí adentro?

CAMILA: ¡Tengo un tenedor!

MADRE: Pero nena, ¿te volviste loca?

CAMILA: Algo así.

MADRE: ¡Salí de ahí que tenés que ir al colegio!

CAMILA: Al colegio no voy a ir y tampoco tengo pensado salir.

MADRE: ¡Ah! Por ahí viene la mano, ya entendí. ¿Querés faltar? ¿No tendrás prueba hoy no?

CAMILA: No.

MADRE: mmmm A ver, a ver… (Mira su reloj) Rosa debe estar llegando. Bueno, ahora la llamo para avisarle que te quedás con ella.

Entra Matías con el uniforme, ve a la madre agachada en el piso al lado de la casita.

MATIAS: ¿Te sentís bien, ma?

MADRE: (A Matías) ¿Eh? (A la casita) Ah y acordate de hacerte las nebulizaciones, eh.

MATIAS: En serio, ma, me estás preocupando...

MADRE: ¿Por?

MATIAS: Y… Le estás hablando a una casita de juguete... Mirá que te vi hacer cosas raras, pero ésta...

CAMILA: Me habla a mí, nene.

MATIAS: ¡Qué lo parió! La casita habla.

La madre agarra el teléfono y trata de llamar a Rosa.

CAMILA: ¡Soy yo, tonto!

MATIAS: ¿Camila?

CAMILA: Sí.

MATIAS: ¿Dormiste ahí?

CAMILA: Sí.

La madre no puede comunicarse. Vuelve a intentar.

MATIAS: ¿Toda la noche?

CAMILA: Casi.

MATIAS: ¡Qué incómodo!

La madre empieza a preparar la cartera, saca el celular, pañuelos, billetera, controla que esté todo y los vuelve a guardar.

MATIAS: (Por Camila) ¿Viene?

MADRE: No. Se queda.

MATIAS: Bueno, chau ma. (Divertido) Chau “Camila en la casita”

CAMILA: Al menos ahora me saludas: Chau nene.

Matías sale, riéndose

MADRE: Bueno, ¡Voy a ver si me puedo comunicar con Rosa!

Sale. Vuelve a entrar, agarra el teléfono y se va. Apagón

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Taller de Dramaturgia - UPB

Universidad Popular de Belgrano
Campos Salles 2145
4701-3101
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